martes 6 de marzo de 2012

Tomas Tranströmer (Estocolmo, 1931)



(De: El cielo a medio hacer, 1962)

ESPRESSO

El café negro en la terraza
con sillas y mesas pequeñas como insectos.

Son costosas gotas atrapadas,
llenas de la misma energía del Sí y del No.

Son servidas en oscuras cafeterías
y miran al sol sin pestañear.

A la luz del día, un punto de benigno negro
que fluye rápidamente en un pálido parroquiano.

Parecen las gotas de negra profundidad
que aveces es captada por el alma,

que dan un benigno empujón: ¡anda!
La inspiración de abrir los ojos.



Versión al español de: Roberto Mascaró

viernes 24 de febrero de 2012

Héctor Andrés González Cantú (Monterrey, N.L.1994)




Fragmento del cuento

"Desierto y desengaño" (Texturas, CRAFT, 2012)

Un letrero dorado de fondo azul. Dibujado, en su gloria ficticia, el mar, las olas. Solo un poco más y la espera valdría la pena. Llegamos al puerto. Pero la densidad de los mercados de mariscos, los restaurantes de mariscos, los recolectores de mariscos, los museos de mariscos, los vendedores ambulantes de mariscos, los revendedores de mariscos y los puestos de tacos de mariscos me impedía ver el tan esperado esplendor del gran azul.
Recorrimos la ciudad. Cada luz roja, cada alto, cada curva, era una punzada más de nervio que me invadía. Podía ver mi árbol de dudas ya florecido tambalearse. Agitarse con el viento. Se acercaba mi inconsciente con un hacha con ganas de cortarlo. Pero tal vez el tronco sería muy grueso, o el hacha estaría chata, solo quedaba esperar.
Unos pocos minutos más. Pasamos un alto faro, de colores vivos, pero al parecer en desuso. Nos estacionamos detrás de un alto edificio de departamentos. La última frontera. Abrí la puerta y corrí. Una pequeña colina de arena era lo único que me separaba del mar. Estuve a punto de tropezarme una vez, dos, siete, perdí la cuenta. Unos segundos más. Y ahí estaba. El mar.
Tan gris y frío como lo recordaba. Tan monótono y desolado como el desierto que viajé para llegar a él. Y entonces algo pasó. El mar se iluminó, las olas arreciaron. Una luz me cegó, estuve aturdido por un momento. Lo único que alcancé a distinguir fue una lejana voz gritando:
—¡Acción!

miércoles 22 de febrero de 2012

Mary Oliver (Ohio, 1935)




(De: Twelve Moons, 1979)

Las lámparas

A las ocho de la noche, no más tarde,
enciendes las lámparas,

la grande junto a la ventana grande,
la pequeña sobre tu escritorio.

No las necesitas para ver —
aun se ve el crepúsculo afuera sobre la arena,

los robles gastados y los arándanos agrios.
Ni siquiera las pequeñas aves se han marchado

a dormir todavía, a ponerse a salvo
del merodeo de las zorras. No,

enciendes las lámparas porque
estás sola en tu pequeña casa

y las mechas pulverizando oro
son como dos visitantes con buenas historias

que contarán lentamente, en suaves voces,
mientras el viento afuera se transforma calladamente

en un granuloso y brillante azul.
Tú desearías que no cambiara nunca —

pero claro, la oscuridad no falla
a su cita. Cada anochecer,

su presencia inescrutable tiene la última palabra
frente a toda puerta.


(Versión al español de Gabriela Cantú Westendarp)

miércoles 8 de febrero de 2012

WISLAWA SZYMBORSKA (1923-2012)



A ALGUNOS LES GUSTA LA POESÍA


A algunos,
es decir, no a todos.
Ni siquiera a los más, sino a los menos.
Sin contar las escuelas, donde es obligatorio,
y a los mismos poetas,
serán dos de cada mil personas.

Les gusta,
como también les gusta la sopa de fideos,
como les gustan los columpios y el color azul,
como les gusta la vieja bufanda,
como les gusta salirse con la suya,
como les gusta acariciar el perro.

La poesía,
pero qué es la poesía.
Más de una insegura respuesta
se ha dado a esta pregunta.

Y yo no sé, y sigo sin saber, y a esto me aferro
como a un oportuno pasamanos.



(Traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia)

miércoles 1 de febrero de 2012

VLADIMIR NABOKOV (San Petesburgo,1899- Montreux,1977)



Fragmento de:

Pálido fuego (Anagrama, Barcelona, 2003)


Yo era la sombra del picotero asesinado
por el falaz azur de la ventana;
era la mancha de pulmón ceniza, y vivía,
volaba siempre en el cielo reflejado.
Y desde adentro también me duplicaba,
yo mismo, mi lámpara, la manzana en un plato:
corriendo la cortina, el vidrio oscuro
suspendía los muebles en la hierba,
¡Y qué delicia cuando una nevada
ese atisbo de césped ocultaba
y entonces silla y cama se posaban justo
en la nieve, fuera, en la tierra de cristal!

Retomar la nevada: cada copa a la deriva
informe y lento, opaco e inestable,
blanco mate y sombrío contra el blanco pálido del día
y abstractos alerces en la luz neutral.
Y después el doble azul gradual
cuando la noche une al que ve y a lo visto,
y en la mañana diamantes de la escarcha
expresan el asombro: ¿Qué espolonadas patas han cruzado
de izquierda a derecha la página en blanco del camino?


(Traducción de Aurora Bernárdez)

viernes 27 de enero de 2012

José Maria Eça de Queirós (Póvoa de Varzim 1845 - París 1900)




Fragmento de ensayo

LAS ROSAS (Acantilado, Barcelona, 2010)


Era la rosa, la rosa grecoromana, que en aquel vasto desastre habían encontrado entre los monjes un refugio seguro y apacible. Allí estaba escondida y enclaustrada, con otros restos de la gran civilización destruida: aquellos rollos de pergamino que los monjes absortos releían y copiaban. Así se salvaron las glorias y los dones de la sociedad antigua. La rosa sobrevivió gracias al ciudado de la Iglesia junto con Horacio, que la había cantado.

(Traducción de Javier Coca y Raquel R. Aguilera)

lunes 23 de enero de 2012

J. W. GEOTHE (1749 -1832)




"Ultimatum" de: Poemas del amor y del conocimiento (Renacimiento, 2006)

Aún lo voy a decir una última vez:
que en la Naturaleza no hay ni dentro, ni fuera,
y si te caben dudas, ¿por qué no lo compruebas?
Tú, ¿eres lo de dentro, o esto que se ve?


(Traducción de Enrique Baltanás)